¿Por qué las madres de esta generación ya no tenemos leche?

Hasta antes la década de los 50’s las madres de todo el mundo amamantaban tan felices a sus bebés. A partir de entonces, los pediatras comenzaron a controlar la crianza de los bebés, las lactancias comenzaron a fracasar y hacia fines de 1970 alcanzaron sus índices más bajos. Lo que comenzó como un modo de alimentación de «urgencia» para bebés que realmente no podían ser amamantados se acabó convirtiendo en la manera natural de alimentar a los bebés. ¿Cómo puede ser que desde el inicio de la humanidad hayamos sobrevivido de bebés alimentándonos solo de leche materna y para mediados del S. XX haya estado a punto de desaparecer?

Aquí nuestro simpático y siempre sabio pediatra recetando a una madre leche de fórmula como la mejor forma de alimentar a su bebé. El inicio del fin de la era de la lactancia materna.

En el primer mundo, las madres están retomando la lactancia y muchas de ellas lactan hasta que les da la gana (3 – 4 años o más). En países subdesarrollados como México, aún prevalece la lactancia artificial como la única forma posible de alimentar a los bebés. ¿Por qué en estas culturas las madres «nos hemos quedado sin leche»?
Escribo sobre el tema porque he visto bastantes mamás a mi alrededor (por no decir la mayoría de las que conozco) que no dan o no dieron pecho. Y eso no fuera nada alarmante si esa decisión hubiera sido una elección informada y consciente por parte de la madre (que cada una somos libres de lactar o no hacerlo).

Lo malo y por lo que me decido a escribir este post es porque la mayoría de estas madres que no amamantan o no amamantaron, no fue porque así lo decidieran, sino por razones que pueden englobarse básicamente en:

  • La falta de conocimiento
  • Influencias negativas externas (pediatra, enfermera, ginecólogos, madres, suegras, amigas, parejas)

Esto acaba provocando el fracaso de sus lactancias, aunque su deseo inicial haya sido amamantar a sus bebés. Desde luego el caso de cada madre es único y cada una tiene en su historia personal dificultades, circunstancias y razones que las llevaron a no dar o desistir de dar el pecho, esto no es juzgable por nadie.

Pero aún hay madres embarazadas o madres que no dieron pecho y en un futuro tendrán otro hijo y que quieren amamantar y me parece primordial que pueda divulgar (al menos en mi entorno) información oportuna sobre este tema que pueda ayudar acabar con los mitos, la información falsa o sesgada. Que esta información contrarreste la escasa (o nula) ayuda por parte de la comunidad médica (ginecólogos y pediatras) y enfermeras hacia las madres en sus lactancias. Que mi experiencia pueda servir como punto de apoyo a esas mamás al saber que no están solas en sus lactancias y que las dificultades iniciales siempre se pueden superar con la ayuda adecuada. Intento cambiar la visión de que una lactancia es posible, si la madre quiere amamantar. Tener lactancias exitosas no es cuestión de suerte, ni de genética. Es cuestión de conciencia, voluntad e información para desmentir todas las frases que hemos escuchado desde siempre…

Mitos más comunes que escuchamos en torno a la lactancia
Algunos de los mitos más famosos que hemos escuchado y seguimos escuchando sobre la lactancia materna en la sociedad moderna son:

  • Hay madres desafortunadas que no producen suficiente leche
  • Hay madres que ni siquiera producen leche
  • Hay madres que producen leche aguada
  • La lactancia es un arte complejo sobre el que las mujeres no tenemos control, tiene que ser manejada por el médico o pediatra
  • Es normal que la lactancia duela, si quieres amamantar tienes que aguantar
  • Las grietas en los pezones son normales. Algunas mujeres los tienen defectuosos
  • La leche se va o se “corta” por un susto o un fuerte estrés
  • Después de los 6 meses la leche ya no alimenta
  • Si tu madre y abuela no pudieron amamantar, tú tampoco podrás

¿Te suenan? ¿Cuáles otros has escuchado tú?

¿Qué sabemos de lactancia materna antes de ser madres?

Siempre estamos escuchando a las nuevas (y no tan nuevas) mamás decir: “me quede sin leche”,  “mi leche no lo alimentaba”, “no quiso el pecho”, “el pediatra me dijo que no estaba engordando lo suficiente y me recetó una ayuda (leche de fórmula)”, “mi mamá tampoco tuvo leche”, entre otros argumentos similares. ¿Qué hay de cierto en ellos? ¿realmente una mamá se queda sin leche a los 2 meses o a las 2 semanas? Si la naturaleza es perfecta, ¿cómo podría hacernos gestar a un bebé y luego no proveernos de suficiente leche para alimentarlo? La naturaleza es sabia e hizo a nuestros cuerpos exactos y perfectos, sin prever que algún dia se inventaría un sucedáneo de la leche materna, por lo tanto, se aseguró de que NINGUNA madre pariera a un hijo (salvo poquísimos casos patológicos) sin tener leche para asegurar su supervivencia. ¿Entonces, por qué al poco tiempo después del parto se quedaron sin leche la mayoría de madres que conocemos?

La triste historia de cómo la pediatría y la industria de las leches de fórmula casi acaban con la lactancia materna

Una mamá efectivamente se queda sin leche cuando se interfiere en el proceso natural de la lactancia: manipulándola, intentando controlarla con horarios y rutinas que van contra natura de la misma. Como antecedentes podemos darnos cuenta que, desde que los pediatras metieron su cuchara en la lactancia el siglo pasado, promocionándose como los gurús del tema y trataban la lactancia como trataban lo que sí sabían: la lactancia artificial. Comenzaron a dosificarla y a imponer horarios y cantidades, igual que hacían con el biberón: «x» onzas cada «x» horas. Pues el pecho lo recetaban igual, 10 minutos de cada pecho cada 3 o 4 horas. Desconocían que a diferencia de la leche de fórmula que es siempre igual, la leche materna cambia de composición durante la toma y limitar el tiempo que el bebé tomaba de cada pecho, no dejaban que tomara la leche del final que es más rica en grasas.


El principio bajo el cual funciona la lactancia: a más oferta más demanda. Algo de lo
que la mayoría de nuestros amigos pediatras no se han enterado aún.



Esto violaba el principio bajo el cual funciona la lactancia materna, tan sumamente simple que intentar complicarlo es querer reinventar la rueda y echarla a perder. CUANTA MÁS DEMANDA, MÁS PRODUCCIÓN. Así de sencillo. Cuanto más mama el bebé, más leche produce la madre. ¿qué pasaba (o qué sigue pasando) con las madres que ingenuas hacían caso a las normas del pediatra? pues como le daban cada 3 o 4 horas y solo un ratito, era poca la demanda y por tanto la producción de leche bajaba cada vez más hasta que, efectivamente se quedaban sin leche. Iban con el pediatra de vuelta y ¿solución? recetar leche de fórmula y ¡adiós lactancia para siempre!

Los médicos resolvían así un problema que ellos mismos habían creado con sus recomendaciones. Y así, los médicos se cargaron (echaban a perder) miles y miles de lactancias. Tantas que en la segunda mitad del Siglo XX cuando más influencia tuvieron sobre la crianza de los bebés, el índice de lactancias llegó a estar por los suelos. Pero claro, como eran médicos, nadie podía sospechar que quienes estaban haciendo mal las cosas eran ellos, nadie los cuestionaba y entonces las culpables éramos las mujeres y nuestros cuerpos, según los médicos de repente las mujeres empezamos a salir con las tetas defectuosas y nos “quedábamos sin leche” o directamente ni nos salía más allá del tercer día después del parto.

Un poco demasiado absurdo, cuando durante millones de años la humanidad había sobrevivido gracias a la leche materna (la leche de fórmula apareció hasta el Siglo XX) ¿no crees? Una historia demasiado lamentable: como los pediatras casi acabaron con el modo natural de alimentar a los bebés, imponiendo la forma artificial como lo normal.

El resurgimiento de la lactancia en los países desarrollados

Afortunadamente, hoy se sabe mucho sobre cómo funciona el pecho y la información disponible aunada a la toma de conciencia de las madres está cambiando esta realidad y nuestra generación está retomando la lactancia nuevamente como lo natural. En países de primer mundo, cada vez más mujeres amamantan y lo logran confiando en sus cuerpos, informándose y reivindicando sus derechos para tener más tiempo junto a sus bebés y prolongar sus lactancias. Gracias a toda la información disponible en internet, libros actuales y formaciones como las Consultoras de Lactancia Materna (IBCLC, International Board Certified Lactation Consultant por sus siglas en inglés), asesoras de lactancia y grupos locales e internacionales de apoyo a la lactancia como La Liga de La Leche se están desterrando muchos mitos arraigadísimos en torno a la lactancia.

Estas no son mujeres africanas, ni indígenas ni talibanas (con todo el respeto para estas etnias). Ni hippies de los años 60’s. Son mujeres españolas en pleno 2014 reivindicando los derechos de ellas y sus hijos: lactancia en público, lactancia prolongada, mejores condiciones para amamantar a sus hijos mientras trabajan, etc. Una imagen así chocaría en un país en vías de desarrollo, donde necesitas de verdadero valor para sacarte la teta en un lugar público sin esconderte.

Desgraciadamente, la comunidad médica en general sigue sin actualizarse en el tema y muchos pediatras siguen con sus normas absurdas en contra natura de la lactancia. Lo peor: muchas mujeres siguen confiando ciegamente en ellos. Quizá es por ello que muchas de las madres que actualmente logramos una lactancia exitosa más allá de los 6 meses ¡somos quienes nos mantenemos alejadas del pediatra!

El mensaje que la sociedad nos manda sobre la lactancia desde que somos niñas y perpetuamos de generación en generación

En mi experiencia personal, crecí en el norte de México, en una cultura fuertemente patriarcal y represora de cualquier aspecto de la sexualidad de la mujer que no fuera mostrarla como simple objeto para satisfacer el placer del hombre, antes de ser madre no tuve nunca la oportunidad (tristemente) de contemplar una madre lactante, ni en mi familia, ni mujeres cercanas. Las pocas a las que vi intentarlo a las 2 semanas ya no tenían leche. En esa cultura un bebé siempre era inherente a un biberón. No era ni cuestionable si ibas a dar pecho o biberón, con esa predisposición social era fácil saber cuál sería el destino de tu lactancia. Seguramente existen en el mundo muchas sociedades así (y mucho peores).

En el patriarcado occidental lo normal es que de niñas nunca veamos madres amamantando ni se nos hable e instruya jamás sobre el tema, lo único que escuchamos son los falsos mitos transmitidos de generación en generación y jamás desmentidos por la ciencia médica. Por lo que la mujer que quiere amamantar, ha de buscar ella toda la información y apoyo necesarios para hacerlo. Hay que ser proactiva en el tema, porque si simplemente nos dejamos llevar por la inercia, casi seguro acabaremos dando biberón, hayamos querido o no.

Esto es lo que vemos en la cultura patriarcal y bajo este modelo crecemos como niñas.
Ni siquiera existen nenucos que tomen teta.

Mi hija de dos años que aun toma pecho y ve a sus primos ser amamantados, cuando le dan un biberón de juguete simplemente se lo mira y no tiene idea para qué sirve. Esa es la cultura en la que las niñas crecerán con la lactancia como algo familiar y como lo natural. Seguramente en un futuro cuando ellas sean madres, no tendrán una disyuntiva tan fuerte como la que nuestra generación tiene ahora. Quizá no se necesitarán plantear si van a dar pecho o biberón. Lo traerán en su historia, sus genes, su naturaleza femenina.

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