El día que la sala de lactancia sea la propia calle

¿Taparme hasta las orejas para dar el pecho en público? Pues no. Vamos a pretender que dar el pecho no escandaliza si lo hago en mi cama, la calle, en el metro, en el supermercado, el restaurante, la iglesia o en medio de un parque. Que nadie se sorprende al verlo porque es un acto tan cotidiano y frecuente que la sociedad lo tiene interiorizado. Que es tan natural y aceptado como ver a una mujer con un escote y tan aplaudido y admirado como unos exuberantes pechos semi-desnudos en un anuncio publicitario. Que cuando nuestro hijo tiene hambre no tenemos que correr a montar el tinglado mantita-sabanita-cobijita para taparnos ni tenemos que correr a buscar una sala de lactancia para poder llevar a cabo este acto tan simple y práctico sin estar pendientes de quién nos ve raro o quien se ha dado por aludido y se siente ofendido. Pretenderemos que nuestro entorno nunca nos ha dicho que hay que enseñar el pecho para atraer hombres y que lo escondamos para amamantar. Porque solo así, pretendiendo que no estamos llenas de esos prejuicios acabaremos olvidándonos que estamos haciendo algo políticamente correcto y recomendado, pero vergonzoso a la práctica.


Y solo así nos sentiremos libres de amamantar donde nos de la real gana sin escondernos ni taparnos porque hacemos algo \’indecente\’. ¿Y cuál es la indecencia? ¿Usar los pechos para su función biológica en vez de la función cosificadora que les ha impuesto el patriarcado? ¿Quién es el que hace la indecencia entonces? ¿Vergüenza? Esa la deberían sentir quienes dominados por la mentalidad patriarcal, llena de tabúes y condicionamientos culturales y sus propias carencias emocionales no satisfechas ven la lactancia en público como inapropiada.

La paradoja del uso del pecho femenino en nuestra sociedad.
Tenemos aprendido hasta la médula que somos sexuales y sensuales solo en tanto que un hombre nos admire y nos desee. Además, por supuesto necesitamos de mil y un complementos para serlo: lencería, perfumes, maquillaje, tacones, cabellera de anuncio, etc. (Curiosamente todos objetos de consumo cuyo mercado mueve sumas enormes de dinero). Hemos comprado la idea de que nuestros cuerpos femeninos por sí mismos carecen de sensualidad y que nuestra sexualidad sin la función de producir placer al hombre no sirve para nada más. Pero entonces llegamos a la etapa de la maternidad y la naturaleza nos ofrece una extraordinaria oportunidad para hacer un reset y redescubrirnos como seres sexuales: la lactancia materna nos ayuda a desligar nuestra sexualidad femenina de esa faceta posada y fingida que emulamos de los medios, esa que hemos aprendido desde adolescentes cuyo único fin es complacer al sexo masculino. Este es solo el concepto tergiversado de femineidad que según la cultura patriarcal debemos ejercer en nuestro rol de mujer.

Usando un par de pechos para su principal función, según el consumismo
dentro de la cultura patriarcal
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La lactancia nos abre la puerta a una sexualidad diferente y llena de placer intrínsecamente femenino, nos da una gran oportunidad de acercarnos a nuestro centro, nuestra esencia y descubrir que nuestra sexualidad no está supeditada al placer masculino ni la aprobación de los hombres. Pero esa faceta de nuestra feminidad es la que claramente no interesa porque no tiene como fin complacer al hombre. Esa sexualidad no vende ni es reclamo publicitario de nada, no precisa de decenas de artilugios ni prendas que la hipersexualicen (aunque ya lo intenta el consumismo con mil modelos de sujetadores de lactancia, mantas para lactancia, etc). Esta parte sexual de las mujeres es tan mamífera, primitiva y básica que solo precisa del bebé succionando el pecho de su madre. No se puede patentar ni presentar como objeto de consumo. He allí la razón de oprimirla, desvalorizarla, subestimarla. A través de la lactancia materna, la sociedad ejerce un fuerte control sobre nosotras, nos dicta cómo, cuándo y para qué usar nuestros pechos, nuestro cuerpo.

Al enseñar el pecho con una prenda muy escotada se nos considera una atractivas y coquetas (adjetivos positivos y deseables en una chica), no hay mucho que decir sobre los pechos (y el cuerpo femenino en general) utilizados como reclamo publicitario incluso en productos que nada tienen que ver con ello. Los dos casos anteriores están ampliamente aceptados en  nuestra cultura y nadie se atreve a decir que es inapropiado. Por otro lado, es habitual que mujeres sean “cordialmente invitadas” a amamantar al baño de un sitio público o que educada (o groseramente) les hayan dicho de taparse mientras amamantan porque el señor de enfrente o el de enseguida se ha sentido ofendidos. Es curioso como hemos llegado hasta este punto donde estamos tan acostumbrados a aceptar que el pecho femenino sea utilizado para vender cualquier producto, películas, vídeos de música, revistas, obras de arte, manifestaciones… pero tengamos que tomarnos la reivindicación de su función fisiológica (y sexual, sí, sexual) como una lucha anti-sistema.

Luego están las acciones que para mí son un apoyo hipócrita por parte de la sociedad que apoya la lactancia (así, con unas comillas bien grandes), pero que no son más que una jugada por parte de la sociedad que consciente del despertar que estamos viviendo las mujeres, pretenden hacer ver que están de nuestro lado aunque lo que buscan es seguir manteniendo la lactancia oculta y como algo de lo que tenemos que avergonzarnos. Ejemplos: los cuartos de lactancia que tanto se han extendido (sobretodo en países desarrollados), pero que si lo analizamos bien, no son más que un cuarto por lo general sin luz natural ni ventilación, con suerte con una silla o sofá en medio de la nada donde podemos “amamantar cómodamente en privado”, que para mí es lo mismo que te manden al baño a lactar. La cuestión es que hay que mandar a la mujer a ocultarse para lactar, aunque de un modo políticamente correcto. ¿Por qué no hacen salas ‘anti-lactancia’ donde se puedan ir a “meter cómodamente en privado aquellos señores/as quienes se sientan ofendidos y agraviados ante la presencia de una madre amamantando”? Eso ya no sería tan aplaudido porque ¡como vamos a mandar a un hombre a una habitación a aislarse! qué culpa tiene él pobrecito que la señora de al lado haya decidido sacarse la teta. El problema que veo con estas salas, más allá de la controversia que puedan causar que critique una supuesta \»facilidad\» que nos dan a las mujeres para amamantar, es que refuerza el morbo en torno a la lactancia y la idea que dar el pecho incomoda al resto de la sociedad y que hay que mantenerlo oculto y reafirma el lugar que, según estos prejuicios, debemos ocupar las madres lactantes en la sociedad: un lugar invisible. Por eso creo que es una iniciativa puramente machista disfrazada de pro-lactancia. 

¿Una descocada e indecente mujer ha osado sacarse la teta en pleno lugar público porque su bebé lloraba como si le fueran a matar y se ha sentido usted profundamente ofendido y disgustado de tener que presenciar semejante escena impúdica? ¿Por qué se encierra usted a la nueva sala anti-lactancia, donde puede aislarse cómodamente entre cuatro paredes para evitar ver la incómoda escena?

Otro caso de como la sociedad intenta encubrir la lactancia son esas mantas para dar el pecho (con perdón de quien las use) pero para mí son como el burka de la lactancia; no dejan a la vista ni un ápice de piel más allá del cuello de la madre y ni rastro del pobre bebé silenciado ahí debajo. En Europa no recuerdo haber visto madres usándolas aparte de alguna con título nobiliario que no quería dar la nota en la prensa rosa. En México, es muy común ver a madres usándolas para amamantar como algo indispensable. No pueden dar pecho sin ellas. Independientemente de lo prácticas o no que lleguen a ser (habrá que preguntarle al bebé si es muy cómodo tomar pecho en esa sauna y sin poder juguetear y/o tocar libremente a su madre), la cuestión es que otra vez, nosotras hemos de sucumbir a la incomodidad de la sociedad ante el acto de amamantar. De nuevo pienso, ¿no sería mejor solución que a quienes les escuezan sus ojitos al ver tal escena, llevaran consigo un monísimo antifaz de algodón orgánico decorada con patrones de moda súper chics (así publicitan las citadas mantitas para lactancia) para cubrirse los ojos cada vez que una madre se saca una teta para alimentar a su crío? Desde luego es en tono cómico, pero al menos ridiculizar la situación nos sirve para darnos cuenta hasta que punto cedemos las mujeres ante la opresión de los prejuicios machistas.

¿No sería más lógico el ejemplo de abajo? ¿A quién le ofende? ¿quién debe taparse?
Cuando devenimos madres y nos damos cuenta del auténtico timo y manipulación que hemos vivido las mujeres (incluyendo la manipulación e infantilización desde embarazo y el parto), abrimos los ojos y ya no podemos cerrarlos más. Esta liberación nos gusta tanto que no nos da la gana volver a doblegarnos ante el sistema. Es un empoderamiento enorme y quizá por ello me he convertido en lactivista (defensora de la lactancia materna) al menos en mi entorno, al igual que les pasa a muchas madres al transitar por sus lactancias. Es una lucha práctica, pequeña y que no requiere mucho esfuerzo (quizá al principio un poco de valor y desfachatez) pero constante, a través cada lactada que doy en público, simplemente sin ocultarme para normalizarla, mostrarla, hacerla visible. 

Amamantar sin escondernos es decirle al machista sistema social que esto es lo normal, que nuestra sexualidad nos pertenece y que sí, esta faceta la disfrutamos sin ellos. Es decirle a la cultura patriarcal que esto es para lo que sirven los pechos y además lo imprescindible para una cría humana. Es decirle al resto de mujeres, que ellas pueden lactar si lo quieren, que no nos falta leche sino información y apoyo por parte de una tribu de mujeres que comparta nuestro sentir, que todas podemos amamantar y que es posible dejar atrás todo el bagaje cultural y los prejuicios nos convencen de lo contrario. Que seguir su instinto y amamantar sin esconderse y sentir vergüenza disfrutando infinitamente dónde, cuándo y cómo les dé la gana es posible. Porque como dije al inicio del post, solo pretendiendo que lactar en público es tan natural que lo hacemos sin escandalizar a nadie es como lograremos normalizar la lactancia en la sociedad. Si no empezamos nosotras, tengamos por seguro que ningún hombre (llámese esposo, pediatra, ginecólogo, vecino, transeúnte) vendrá a empoderarnos para que lo hagamos.



Campaña pro-lactancia producida por nANUFACTURE, una tienda de bebés en Valencia (España) para reivindicar el derecho a dar pecho en cualquier lugar sin esconderse. Escaparate de una tienda con la iniciativa para que las mujeres visibilicen la lactancia en lugar de esconderse en una sala de lactancia. Iniciativas como esta son un modo de protesta pacífica que podemos hacer día a día para ayudar a normalizar la lactancia en público.

¿Qué tal ser nosotras mismas la mejor campaña pro-lactancia materna en nuestro propio entorno? Sin esfuerzo, simplemente no ocultándonos para dar el pecho, haciéndolo visible… y disfrutando de esa maravillosa libertad.           

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