10 consejos para amamantar y no morir en el intento

Es una función fisiológica tan normal en las mujeres como lo es gestar un bebé. Se supone que es instintiva y la tenemos programada en nuestros genes, es controlada por hormonas que se teóricamente deberían hacer fluir la lactancia felizmente nada más nacer el bebé. Sin embargo, actualmente en México solo el 20% de las mujeres amamanta a sus bebés al nacer (comparado con el 80% de los países desarrollados) y al llegar a los 6 meses de vida solo el 14% lo sigue haciendo (frente al 36% en los países desarrollados) ¿Qué pasa entonces? Pareciera que cada generación las mujeres tenemos más dificultades con la lactancia, como si nuestros cuerpos se fueran atrofiando, olvidando lo que traen grabado en su instinto.

Con motivo de la Semana Mundial de la Lactancia Materna, comparto en este post, basando en mi propia experiencia de tres lactancias (la primera 2 años 6 meses y la segunda 1 año y medio y la tercera de dos años y contando…), los consejos más importantes si quieres amamantar a tu bebé y no morir en el intento…

En el post ¿Por qué las madres ya no tenemos leche?, intento profundizar sobre qué ha pasado a las mujeres de nuestra generación para que hayamos perdido esta capacidad innata y de básica para la supervivencia de la especie gracias a la manipulación de la industria de las leches artificiales y también cómo en los últimos años la tasa de lactancia materna está experimentando un despunte (sobre todo en países desarrollados) después de que cayera por los suelos (a punto de desaparecer) entre 1950 y 1990 gracias a toda la información disponible y a la proactividad de las madres para ayudarse entre ellas en grupos de crianza y lactancia, frente a la comunidad médica que en su mayoría siguen sin actualizarse en el tema.

Es bien sabido que la alimentación perfecta para nuestros bebés es la lactancia y que todas las mujeres podemos amamantar. La leche materna es un alimento vivo, fisiológico, el único adaptado a nuestra especie, que contiene todos los nutrientes y en la cantidad adecuada. La leche materna es un alimento cambiante que se ajusta a las necesidades el bebé a lo largo del día, incluso durante una misma toma. La leche del final de la tetada es más rica en lípidos. Además, la leche materna va evolucionando a la par que el desarrollo del bebé. La primera semana, cuando el sistema inmune del bebé es aun inmaduro, la primera leche llamada calostro es rica en inmunoglobulinas. Después, la leche madura es rica en ácidos grasos que aseguran su desarrollo neurológico.

Ciertamente, los avances de la industria de las leches de fórmula han permitido sobrevivir a los bebés que no han podido recibir leche materna, pero el decir que han igualado la composición nutritiva y sobre todo la naturaleza cambiante y propia a cada bebé de la leche materna, es mentir totalmente. Sin embargo, todos sabemos la enorme influencia que la publicidad de esta industria tiene sobre las decisiones de las madres, los médicos y los profesionales de salud que acompañan a las nuevas madres.

Imagen bajo el microscopio: izquierda: leche de fórmula (alimento muerto), derecha: leche materna (un alimento vivo).

Si estás embarazada y quieres amamantar, debes saber que no hay mujeres sin leche, solo mujeres sin información. Poder amamantar no es cuestión de suerte: «si tuve leche», «no tuve leche», «se me fue la leche»… ¡es hora de desterrar estas ideas de una vez por todas!, son mitos y prejuicios heredados desde la generación de nuestras madres, cuando los pediatras casi acabaron con la lactancia materna metiendo biberones a diestro y siniestro. Poder dar el pecho es cuestión de mucha información, consciencia, paciencia y apoyo, mucho apoyo.

1.- Lee, lee mucho sobre lactancia materna

Durante el embarazo lee tanto como puedas sobre lactancia materna. Pero no revistas del supermercado o del quiosco de revistas, ni libros de hace 30 años y de preferencia no escritos por pediatras sino libros escritos por personas realmente formadas y expertas en lactancia.

Lee libros especializados y actuales sobre lactancia, entérate sobre como funciona el pecho, como se produce la leche, la bajada de la leche, los primeros días y el calostro, la variación de la composición de la leche en cada toma, las crisis de crecimiento, los posibles problemas (mastitis, ingurgitación mamaria, grietas, pezones doloridos, mal agarre, etc.).

2.- Infórmate sobre el desarrollo del bebé que toma pecho (no biberón)

En la sociedad el estándar es el bebé que toma leche de fórmula y un bebé amamantado es muy distinto a uno de biberón: sus patrones de sueño, como come, como sube de peso, los cólicos, etc. Y el pediatra, las tablas de crecimiento y la sociedad tienen unas expectativas (basadas siempre en bebés alimentados con biberón) en las que nuestro bebé que toma pecho nunca va a encajar, siempre estará por encima o debajo de los percentiles (el promedio), demasiado flaco o demasiado gordo.

Así que saber eso, te ahorrará muchos disgustos cuando el pediatra te diga «que no sube de peso lo que debería» o que «tiene un percentil 10» y cuando la vecina te diga que su bebé (que toma biberón) duerme 10 horas de un tirón desde los 4 meses, mientas el tuyo se despierta 3 veces por noche a pedirte teta y te sugiera quitarle el pecho con tal de que duerma más horas.

3.- Huye de cualquier consejo que restrinja o manipule la lactancia

Ejemplo, frases como: darle cada 3 o 4 horas, no darle por la noche, darle biberones con agua entre tomas para que aguante más, darle biberón de fórmula por la noche para «que duerma más», darle sólo 10 minutos (o “x” tiempo) de cada pecho, etc. Todas estas acciones van en contra natura del funcionamiento fisiológico del pecho, por lo que no permiten que se establezca la producción de leche correctamente desde un principio y al limitar tú misma la demanda acabas por reducir la producción de leche.

Para que la lactancia fluya ha de ser a demanda, libre de horarios y reloj, sin acciones que interfieran la intimidad y la relación entre tú y lo que tu bebé te pida. El pecho funciona bajo el principio a mayor demanda mayor oferta. Para producir más leche, deja que succione más y punto. (ver gráfico del punto 6).

4.- Olvida los mitos que has escuchado toda la vida

Mitos habituales en torno a la lactancia materna.
Créetelo, no hay mujeres sin leche ni mujeres con leche mala o aguada. La leche no se va ni se corta por un susto. Si tu madre o tu abuela  “no tuvieron” leche, tú sí puedes amamantar. No poder amamantar no se hereda en los genes, es herencia cultural y se soluciona con mucha formación e información. Hay que ser proactivas, porque seguramente tu pediatra tiene la misma o incluso menos información que tú sobre lactancia materna (pregúntale sobre cuántas asignaturas o créditos sobre lactancia hizo en la carrera de medicina y te quedarás boquiabierta), lo que hará que ante el primer problema lo único que atinará a hacer será recetarte \»una ayudita de biberón\» y adiós lactancia.

5.- Recuerda esta imagen cuando nazca tu bebé

Es el tamaño real del estómago de tu bebé recién nacido. No necesita litros y litros de calostro para llenarse. Los primeros días antes de la bajada de la leche, tu cuerpo produce el calostro suficiente para tu bebé (aunque a ti te parezca que es muy poco). Después cuando baja la leche y el bebé va creciendo, la leche se va regulando conforme tu bebé “le vaya pidiendo” más a tu cuerpo (a través de las mamadas frecuentes sin restricciones). Otra vez, el principio maravilloso de la lactancia: a más demanda, más leche. Tu bebé SIEMPRE tendrá la leche que necesite. Así tenga 2 días o 2 años. Si tienes (o te meten) dudas sobre si tu bebé se queda con hambre en vez de darle un biberón \»de ayuda\» que minará su interés por mamar, ponlo más al pecho, así producirás más leche y se quedará satisfecho.

6.- Confía en las señales de tu cuerpo y de tu bebé

Conocer como funcionan nuestros pechos, nos dará confianza para amamantar y buscar apoyo
para no desistir cuando encontremos dificultades.

Si fuiste capaz de gestar a un ser humano dentro de ti ¿por qué no serías capaz de producir la leche necesaria para alimentarlo? Cuando al fin lo tengas en tus brazos después del parto, te van a saturar de mil consejos: «ahora tiene hambre», «ahora no tiene hambre», «ahora quiere pecho por vicio», «¿otra vez está tomando? ¡pero si acaba de tomar!»… cierra los ojos y desconecta… ábrelos y mira a tu bebé, conecta con él. Siempre tiene la razón y si lo escuchas, te está diciendo lo que ambos necesitan. Déjate guiar por el instinto de ambos. Las mujeres dejamos que se metan demasiado en nuestra lactancia. Ni el pediatra, ni la suegra por más experiencia con bebés que tengan conocen más a tu bebé que tú misma.

7.- Asegúrate que tu pediatra es pro-lactancia… de verdad

Si haces un seguimiento exhaustivo con el pediatra (como toda mamá primeriza suele hacer), al menos no le des luz verde para que se meta en tu lactancia. Objetivamente poco o nada te puede aportar a parte de recetarte un biberón cuando algo vaya mal. Los pediatras tienen poquísima o nula formación sobre lactancia durante la universidad (aunque parezca increíble), ha sido y es su asignatura pendiente y muchos de ellos están “comprados” por las compañías de leche de fórmula.

Sencillamente, no es su campo de competencia. Así que aunque todos dirán que están a favor de la lactancia materna y que es lo más maravilloso para tu bebé (porque es políticamente correcto decirlo, no porque lo crean) pero a la primera dificultad puedes olvidarte que te ayudarán a salvar tu lactancia, aunque quieran, porque no tienen la formación. Si tienes suerte, a los 6 meses te felicitará por haberle dado pecho «tanto tiempo», pero te dirá que tu leche ya no le sirve, es solo agua, no lo alimenta o tonterías de ese estilo (argumentos que hace años han sido desmontados científicamente, pero muchos pediatras siguen sin actualizar sus conocimientos).

Generalmente, la lactancia pasa a formar parte de las pautas que el pediatra debe gestionar, como el carnet de vacunación, las tablas de crecimiento, etc. De modo que delegamos en el personal médico la decisión de cuanto tiempo dar pecho y cuando destetar, cuando son decisiones que deberían tener un carácter absolutamente personal y emocional. El manejo de la lactancia una vez ha sido instaurada, corresponde las únicas personas implicadas; la madre y el bebé. Mientras se quiera seguir con ello porque a los dos les va bien, no hay razón para destetar.

8.- Ten preparado un as bajo la manga

Las mujeres de nuestra generación al igual que los animales en cautiverio, aprendemos a amamantar. Casi nadie (o de plano, nadie) de nosotras hemos vivido lactancias cercanas, no hemos tenido oportunidad de ver a otras madres amamantar y las referencias culturales que tenemos sobre lactancia mayoritariamente son de la cultura del biberón. Esto es importante saberlo, porque por mucho que leamos y nos informemos, ya podremos haber hecho una maestría en lactancia durante el embarazo que cuando llega la hora de la verdad, recién paridas, doloridas, aturdidas por el subidón hormonal, saturadas de visitas y revisiones médicas, comenzamos a amamantar a nuestro bebé, y casi seguro nos surgen dificultades al principio.

Es por eso que es importantísimo contar con una persona realmente formada y con experiencia sobre lactancia (Consultora IBCLC, asesora de lactancia, doula) que pueda ayudarnos de verdad si hay problemas. Por más buenas intenciones que tenga tu madre, tu suegra, tus amigas y tus vecinas poco podrán hacer por ayudarte, básicamente porque de ellas la mayoría no han dado pecho y solo podrán limitarse a repetirte las lapidarias frases: «yo tampoco tuve leche», «dale biberón que se crían igual», etc. Y qué decir de la fantástica ayuda que podrán darte las enfermeras, el ginecólogo y pediatra que te atienden en el hospital. Si esperas a que ellos te ayuden a instaurar la lactancia, despídete de ella. El personal sanitario no tiene ni pajolera idea de lo que es lactancia real y menos de cómo resolver los problemas que se puedan presentar.

Para conocer un poco más sobre la labor que hacen las consultoras IBCLC, les dejo como ejemplo la web de Ana Maria Morales, una gran consultora de lactancia afincada en Barcelona que me ayudó mucho en la lactancia de mi primera hija.

9.- Los primeros días privilegia tanto como puedas la intimidad

Olvídate de la imagen de la madre amamantando en la mecedora en el centro de la sala mientras las visitas admiran y comentan en espectáculo. La lactancia real es un acto íntimo parte de nuestra sexualidad (yo también me exclamé la primera vez que leí en la misma frase «lactancia» y «sexualidad», pero es así)… Igual que en el acto sexual, necesitamos de intimidad para fluir. Es el inicio de la relación entre tu bebé y tú. Todo lo demás puede esperar: limita las visitas, mantén alejadas a las personas que sabes que no apoyarán la lactancia (aunque se molesten por ello, es su amistad vs. la lactancia de tu hijo), evita frecuentar sitios públicos donde te sentirás incómoda para amamantar, permanece junto a tu bebé haciendo piel con piel tanto como puedas. Todo esto estimula las tomas frecuentes, placenteras y sin interferencias y por lo tanto favorecerá la producción de leche.

10.- Acércate a otras madres que hayan amamantado con éxito o lo estén haciendo

Amigas, primas, vecinas y si estás sola en la ciudad, no importa… existen grupos de crianza o de lactancia que con solo buscar en Google puedes encontrar fácilmente cuándo y dónde se reúnen. Quizá pienses que es un poco deprimente tener que ir a buscar expresamente a otras madres, pues eso nos hace darnos cuenta lo solas que estamos criando, pero es la realidad y no hay nada peor que pasar el post-parto en soledad y sin la mirada cómplice y el apoyo que solamente otras madres en tu situación pueden darte. Yo lo hice con mi primera hija, estaba sola en Barcelona y de verdad me alegro mucho de haber tenido la iniciativa de ir a esos grupos de madres. Fueron un apoyo real muy importante en mi primer contacto con la maternidad, para no perder la cordura, sentirme normal de nuevo dentro del caos que implicaba el post-parto y aprender a encontrar disfrute en esas horas de soledad con mi bebé sabiendo que había otras madres pasando por lo mismo que yo: desvelos, pechos adoloridos, bebé llorando toda la noche, olor a vómito y leche, ojeras, días infinitos en bata y sin duchar…

Hay infinita información como para publicar varios post más y muchos libros enteros sobre lactancia, no acabaría nunca detallando los miles de aspectos sobre este tema y mi intención es únicamente despertar \»el gusanito\» de la curiosidad a las futuras madres para que den con la información adecuada, igual que un día yo dí con la información que me ayudó a poder amamantar. Para terminar, recomiendo unos libros que son de inestimable ayuda para cualquier madre que desee amamantar. Ojalá cada vez seamos más las madres decididas a romper los falsos mitos y prejuicios de la herencia cultural para tomar el control de nuestros cuerpos perfectos y disfrutar de lo que una vez nos convencieron que ya no podríamos: el placer de amamantar.

¿Has amamantado a tu/s bebé/s? ¿Te costó al principio? ¿Qué otro consejo añadirías para otras madres que quieran amamantar? Muchas gracias por leerme, hasta el próximo post! 🙂

Libros recomendados:

  • Un regalo para toda la vida, Carlos González
  • Manual práctico de lactancia materna, Carlos González
  • El arte femenino de amamantar, La liga de la Leche

Sitios imprescindibles sobre lactancia materna:

Eslogan de la Semana Mundial de Lactancia Materna 2016.

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