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De tacones y otras torturas femeninas

Esta mañana mi querida amiga y maestra de Yoga Jenia Pesiakova, ha compartido la siguiente imagen en facebook, cuestionandonos ¿qué observabamos en ella?

Lo primero que me vino a la mente fue el recuerdo de esa terrible sensación durante las noches de fiesta y salidas sociales aguantando tacones; pasar la noche maldiciendo entre dientes esos zapatos y al llegar a casa acabar con los pies torturados e incluso al día siguiente seguir sintiéndolos adoloridos. El tema de usar tacones no sólo se limita a pies; hay numerosos estudios que apuntan daños al tobillo, columna lumbar, rodilla, cadera y postura en general. Afortunadamente el tema de la maternidad me ha hecho retirarme del uso de tacones por un largo tiempo y no sé si definitivamente y ahora en retrospectiva puedo juzgar su uso desde otra óptica. Entonces no pude evitar comenzar a divagar sobre qué forma las mujeres hemos aceptado pasar por este sufrimiento para ser \»atractivas\» según los cánones de belleza y me pregunto ¿es necesario torturarse así para ser socialmente aceptadas? Será que hemos aprendido a vivir una feminidad que está supeditada a la aceptación de los otros. ¿Suena algo descabellado quizá? Pensemos un poco en ello.

La cosa no acaba aquí, y cualquiera que me lea quizá piense que exagero con un tema tan simple como usar tacones esto es sólo la punta del iceberg: existen numerosas formas en que las mujeres aceptamos el sufrimiento como medio para conseguir lo que ya por defecto debería formar parte inherente de nuestra feminidad y nuestra sexualidad. En este post divago sobre algunas de ellas…

Para lucir hay que sufrir

He escuchado esta frase desde niña. Para conseguir que un hombre se fije en nosotras y conseguir pareja hay que ser según el concepto de la cultura patriarcal— \»femeninas y atractivas\». Esto implica depilarse (ouch!), sujetadores/brassieres con varillas y push-up (incomodidad), ropa ceñida e incómoda, fajas y por supuesto taconarros de aguja (más dolor!). Y ni que decir de someternos a los riesgos que conllevan siempre las cirugías estéticas. ¿Hay algo que nos hagas sentir bellas y no duela?

Parirás con dolor: el precio a pagar para tener a tu hijo en brazos

Vale, supongamos que por fin hemos conseguido nuestra pareja y decidimos tener un hijo. Bajo el punto de vista de la cultura dominada por hombres (es decir, en la que vivimos) tener un bebé implica más sufrimiento y dolor. ¡Ánimo mujer! que una vez le ves la carita todo se olvida- nos dicen todas en nuestro entorno. Aceptamos que ese \»sufrimiento inhumano\» de parir es el precio que las mujeres debemos pagar por tener ese hijo en nuestros brazos. Lo que no nos han contado es que parir es un dolor distinto (que nada tiene que ver con el sufrimiento que le han asignado) y que la naturaleza nos ha equipado para transitar un parto como una experiencia de intenso dolor y sensaciones pero no de sufrimiento inaguantable. El parto es parte fundamental de nuestra sexualidad femenina y la naturaleza no tiene previsto que sea el evento más traumático de nuestra vida, sino todo lo contrario: el más satisfactorio y lleno de amor de esta. Son el ambiente hospitalario, su profunda incomprensión hacia su fisiología y la forma de atender partos que se ha instaurado como la normal en nuestra cultura los que hacen de la vivencia de los partos sean un auténtico calvario.

Si no duele no funciona

Siguiendo con el repaso de torturas femeninas existen dos formas más de opresión sobre nuestros cuerpos: las dietas y el ejercicio. Las mujeres estamos expuestas a una presión terrible para mantenernos en forma (aunque el marido se vaya asemejando a un sapo redondo conforme pasan los años, en ellos no existe esa presión). El ejercicio es sano y necesario, pero machacarnos en el gimnasio no es una forma de disfrutarlo y menos teniendo en mente únicamente bajar \»x\» kilos y quemar la grasa de los michelines sin una consciencia de respeto a lo que nuestro cuerpo puede aguantar y lo que realmente nos hace sentir bien.

Comer sano es un sacrificio para estar delgada

El tema de las dietas es una manera absurda de tergiversar el concepto de alimentación consciente y saludable: si sentimos que nos sacrificamos comiendo sano y no lo disfrutamos, lo haremos solo por un tiempo, pero volveremos a comer los alimentos que nos hicieron subir de peso y es un cuento de nunca acabar. Además es sumamente triste que la alimentación que debería ser una fuente de salud y placer, acabe siendo un medio de tortura para muchas mujeres. Aprender a ver la alimentación como una oportunidad para nutrir realmente nuestro cuerpo es una aportación muy grande a nuestra autoestima y amor a nuestro propio cuerpo. Elijo los alimentos que voy a comer en función si creo que merecen estar en mi organismo. Así pues, dietas y ejercicios enfocados solamente a mantenernos \»atractivas\» acaban siendo dos formas de relacionarnos de un modo patológico con nuestro cuerpo.

Que nada te detenga en tus días

La menstruación es otro tema en que las mujeres hemos asumido que hay que aguantar el sufrimiento en pro de los ritmos impuestos por la sociedad. El slogan de las marcas de compresas femeninas es \»que nada te detenga\», \»sigue siendo tú misma\» y similares. El mensaje que nos han metido hasta la médula: las mujeres no podemos cambiar absolutamente nada en nuestra rutina por estar en nuestro periodo. Obviamente empezando por el trabajo pero tampoco podemos decir \’no\’ a salir, nadar, bailar, faltar a compromisos sociales, etc y debemos seguir con nuestra vida como si nada pasara los días que tenemos la regla. La menstruación es parte de un ciclo natural y sano que vivimos las mujeres y oponernos a cualquier manifestación de la naturaleza en vez de fluir con ella, siempre produce sufrimiento.

Cambiando el paradigma: la feminidad no es igual a sacrificio

No podemos cambiar radicalmente al sistema, pero muchos de estos temas son una elección personal. Cómo decidimos vivir nuestra feminidad, saber que lo que nos hace realmente atractivas y femeninas no son accesorios o comportamientos impuestos. La feminidad no es igual a sufrimiento, la feminidad puede vivirse plenamente respetando nuestra fisiología, nuestros ciclos, nuestros procesos e intentando encontrar la belleza en la perfección del funcionamiento nuestros cuerpos -no en lo que nos han dicho que es bello-.

Es un reto enorme salirse del paradigma de lo que nos hace sentirnos atractivas y bellas, porque es la única óptica bajo la que hemos aprendido a vernos a nosotras mismas desde nuestra adolescencia. Pero no es imposible: comenzar a prescindir de artilugios, maquillajes y toda la utilería que solemos usar y apreciarnos hermosas frente al espejo tal como somos más alla de la piel. Comprender que ser femeninas es parir, menstruar, reírnos de nosotras mismas, disfrutarnos cada día del mes (de malhumor o no), soltarnos el pelo y sentir como el aire nos despeina aun más, vestir y calzar lo que nos hace sentir cómodas, maquillarnos como un acto de disfrute pero no como una máscara que cubre nuestras inseguridades sin la cual no podemos presentarnos al mundo es pasar por encima de estos prejuicios y comenzar a sentirnos más libres. Ante todo, no demonizo el que una mujer pueda arreglarse (con tacones incluidos) por diversión o disfrute, sino que hayamos llegado al punto de necesitar todo aquello como disfraz para poder sentirnos seguras, valoradas y atractivas. Demonizo el que vivamos honrando el \»como la sociedad quiere que nos veamos para ser aceptadas\» y acallando el \»como realmente me siento\». 

La feminidad real reside en nuestros ciclos

La menstruación puede ser una oportunidad cada mes para centrarnos en nosotras, escucharnos y sentir nuestro cuerpo. Permitirnos el lujo de pasar unos días en retrospectiva y desechar junto con la menstruación todo aquello que no nos sirve más. Para descubrirnos como seres cíclicos y permitirnos sentirnos tristes o molestas para luego, días después, ser la mujer creativa y exultante que se puede comer el mundo.

El parto puede ser una oportunidad de aprender a soltar, dejar de controlarlo todo y entregarnos a la parte más salvaje y auténtica de nuestra naturaleza femenina, donde radica todo su poder. Esto nos da una confianza única y enorme en nosotras mismas. Saber que podemos concebir, gestar y parir nos hace sentir empoderadas y grandiosas. Nos devuelve el respeto por nuestros cuerpos, ese respeto que hemos perdido desde la adolescencia con todos los mensajes que hemos recibido del entorno. Y esto solo puede traducirse en aumentar nuestro autoestima.

Abriendo los ojos y aceptando que el sufrimiento no debe formar parte de nuestra esencia femenina de belleza (ni de ningun tipo) y que no es el camino para enamorarnos, entregarnos, parir, menstruar, divertirnos, alimentarnos, ejercitarnos y en resumen vivir nuestras vidas como mujeres, habremos hecho mucho por nosotras mismas y por nuestra autoestima. Al empoderarnos como mujeres y reaprender una feminidad libre y sin prejuicios ni sufrimientos les estaremos dando un mensaje importantísimo a nuestras hijas, que será un gran legado para ellas cuando sean adultas.

Lo que hace el recuerdo de unos simples tacones. Quizá exagero un poco pero la divagación dio para mucho más hoy. ¡Gracias Jenia por la inspiración! ¿Qué opinan ustedes de todo esto? ¿para lucir hay que sufrir?

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