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Cómo tomar las riendas de tu salud a través de la alimentación

 
 
La alimentación es un tema olvidado para la medicina convencional y sin embargo es la causa de la gran mayoría de las enfermedades modernas. De igual forma una buena alimentación puede ser la base de nuestra curación una vez enfermamos, pero tristemente a penas se tiene en cuenta en cualquier receta médica. Por eso la alimentación puede ser el primer paso para tomar las riendas de nuestra propia salud.

«Somos lo que comemos»

…O, mejor dicho, lo que asimilamos. Más de una vez has escuchado la frase, pero ¿la crees realmente? la respuesta la encontrarás si te detienes a pensar en los alimentos que eliges comer cada día: productos procesados del supermercado, es decir alimentos desvitalizados y muertos con una gran cantidad de aditivos químicos (conservantes, espesantes, edulcorantes, colorantes, etc.), cereales y azúcares refinados tan manipulados que nuestro cuerpo no sabe cómo digerir. Nos empachamos de comidas copiosas a base de carne animal, lácteos a todas horas del día y, por si fuera poco, abusamos de la comida fast-food, el café, el alcohol, etc. En conclusión, parece que seguimos pensando que aquello de \»somos lo que comemos\» es un cuento de la abuela.

Comencemos por el principio… ¿para qué comemos?

Simple: para nutrir nuestro cuerpo. Y aquí está la clave; comer no es igual a asimilar y nutrirte. Me explico; cuando ingerimos un alimento nuestro cuerpo debe descomponerlo en nutrientes -moléculas que nuestro organismo puede aprovechar- vitaminas, minerales, aminoácidos, ácidos grasos y azúcares… cuando el sistema digestivo no reconoce como descomponer esas moléculas por el alto estado de manipulación que tienen los alimentos que ingerimos, simplemente no obtiene los nutrientes que está esperando recibir y no solo no se puede nutrir sino que entonces nos pide más comida porque aquello no tenía nada de interés para nuestras células, así que comenzamos a ingerir más calorías vacías y se vuelve un pez que se muerde la cola: acabamos subiendo de peso pero seguimos estando desnutridos (una paradoja bastante común en la sociedad occidental), desvitalizados y debilitados por el gran esfuerzo que hace nuestro organismo en intentar asimilar esos alimentos sin obtener nada de ellos.

¿Qué efectos tiene esto en nuestro organismo?

Al no obtener los nutrientes básicos de nuestros alimentos (proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas, minerales y oligoelementos) nuestro cuerpo comienza a entrar en un desequilibrio, comenzando por un sistema inmune debilitado, inflamación, acidificación metabólica, etc. y se convierte en un terreno perfecto para que se manifiesten los síntomas de alguna enfermedad, fruto de estos malos hábitos alimenticios.
Una vez se instala la enfermedad, ¿cómo actuamos ante ella?
Nuestro organismo colapsa, nos avisa que algo va mal y la única manera que tiene para comunicárnoslo es enfermando. El siguiente paso lógico es ir al médico a matar los molestos síntomas que nos aquejan. El médico nos receta un medicamento concreto para matar cada síntoma y una vez nos damos por curados, ya está… volvemos a comer lo mismo y entonces volvemos a enfermar -quizá sean otros síntomas, pero la causa es la misma- ciclo que se repite hasta que la inflamación se vuelve crónica en forma de enfermedades degenerativas (cardiovasculares, autoinmunes, cánceres, etc.) pero cuando aparecen, se lo adjudicamos a la mala suerte; la ruleta de la vida nos ha puesto un cáncer en el camino ¡qué mala suerte la nuestra!. ¿De verdad no sospechamos ni un poquito que algo de lo que hemos estado comiendo toda nuestra vida ha tenido algo de relación con esta enfermedad?
 
Ante cualquier estado especial de la vida -crecimiento infantil, embarazo, lactancia, menopausia, una enfermedad o periodo de debilidad o estrés- la alimentación definirá las condiciones como lo atravesemos y hay un montón que podemos hacer por nosotros mismos además de recurrir a la medicina convencional.
¿Qué podemos hacer para asumir la responsabilidad de nuestra propia salud?

1. Comienza por aceptar que los médicos no son expertos -y muchos no tienen ni idea- de nutrición

Quizá este punto parezca pretencioso o exagerado, pero he visto casos de oncólogos recomendando comer carnes rojas a su paciente en tratamiento de quimioterapia para subir de peso, cuando la OMS la ha declarado recientemente como cancerígena; gastroenterólogos recomendando comer grasa animal tras una colecistectomía (extirpación de la vesícula) y ginecólogos diciendo a una mujer en su último trimestre de embarazo que no debe comer carbohidratos para no engordar demasiado y que su bebé no nazca macrosómico (todos casos cercanos a mí, el último el mío propio). Todo esto sonaría a disparates, ¡si no fuera porque lo dice un médico! entonces tiene toda la credibilidad del mundo.
 
Hemos de comenzar a creer de verdad que los médicos no tienen formación suficiente en nutrición -preguntarle a tu médico cuántas asignaturas llevó en la carrera sobre nutrición, su respuesta probablemente será: ninguna- y ante una enfermedad, si tenemos suerte, la mayoría de médicos nos dará una lista (muy pobre) sobre qué no comer, pero no nos informan sobre que sí comer para ayudarnos a sanar. Y lo peor, muchas veces ni siquiera se interesan por conocer nuestros hábitos alimenticios ¡y es ahí donde está el origen de la enfermedad que pretende tratar! Así, pensamos que la única acción que debemos hacer para sanar es tomar el medicamento de la receta que nos extiende el médico y voilà!.
 

2. Cambia el modo de ver la enfermedad

 
Si realmente queremos salir de tal o cual enfermedad que nos aqueja, hemos de concienciarnos que la responsabilidad de nuestra salud recae en nosotros desde el hecho que la enfermedad no es más que la lucha de nuestro organismo para volver a su equilibrio normal de salud después de que malos hábitos de vida, emocionales y/o alimentación lo han desequilibrado. No podemos delegar totalmente esta responsabilidad a una persona -en este caso el médico- sin pretender cambiar las condiciones de vida que han hecho enfermar a nuestro organismo. El modo como opera la medicina nos ha malacostumbrado a recurrir a ella sólo cuando aparecen los síntomas para acallarlos y a no hacer una introspección hacia los todos los planos que forman nuestra persona (físico, mental, emocional) para encontrar la respuesta a por qué hemos enfermado y que intenta nuestro organismo cambiar con ello.

3.  Cree en el poder de la alimentación consciente para mantener una buena salud

 
 
 

En este sentido, lo que comemos tiene un peso enorme en nuestro estado de salud y es ahí donde hay mucho que podemos hacer por nosotros mismos y nuestra propia curación. Los alimentos vitales y naturales no solo contienen los nutrientes de calidad que nuestro cuerpo necesita para volver al equilibrio que se ha perdido, sino que además nos aportan fitonutrientes; biomoléculas que tienen diferentes propiedades curativas en nuestro organismo (antioxidantes, antiinflamatorias, anticancerígenas, etc.).

 

Saber qué le estamos metiendo a nuestro organismo a través de lo que ingerimos es el primer paso para tomar las riendas de nuestra salud. El siguiente paso es cuestionar la alimentación que hemos estado llevando para así encontrar los malos hábitos o problemas que están causando esos síntomas. Además, no se trata solo de recuperar la salud sino de mantenerse saludable después de sanar, cambiando definitivamente esos malos hábitos. Aunque acudamos a la medicina convencional para buscar suprimir los síntomas, hemos de ser nosotros quienes transitemos por ese proceso de curación con una actitud proactiva buscando las causas de esa enfermedad para resolverla desde raíz y no como un paciente pasivo que solo espera recibir su medicación y calmar el dolor en la fase aguda de su manifestación.

4. Cuestiona tus hábitos alimenticios y comienza a sacar de tu dieta aquello que te está enfermando

 
Para ello basta una pregunta simple: los alimentos que componen mi dieta ¿vienen de la tierra o de una fábrica? ahí encontrarás una buena manera de medir cuán natural, fisiológica, vital y nutritiva es realmente tu alimentación. Los nutrientes de calidad, sólo podemos encontrarlos en alimentos de verdad, frescos, naturales con la menos manipulación posible: frutas, vegetales, frutos secos, semillas, aceites saludables, germinados, legumbres, cereales integrales, carne animal orgánica/ecológica.
 
Todo aquello que no entre en esta categoría, serán alimentos muertos que, si bien tienen algunos nutrientes, éstos son nutrientes químicos añadidos (el típico «adicionado con vitaminas y minerales») que no tienen la misma biodisponibilidad y nuestro organismo poco aprovecha de ellos. Además, nuestro cuerpo pierde mucha energía intentando digerirlos, generan muchos residuos metabólicos tóxicos propios de su digestión, flora putrefactiva, acidifican el pH sanguíneo, debilitan el sistema inmune y un largo etc. Todo este conjunto de factores convierte a nuestro organismo en un terreno fértil para que se instale la enfermedad.
 
Así que una vez reconocemos los alimentos que lejos de nutrir nos hacen enfermar, podemos comenzar por sacarlos de nuestra dieta ya que siempre hace más lo malo que eliminamos de ella que no lo nuevo bueno que incorporemos. Una alimentación más consciente nos ayudará no solo a recuperar nuestra salud, sino a mejorarla y mantenerla tomando las riendas de ella sin delegarla totalmente en el médico o la medicina convencional.

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