6 alimentos para niños vendidos como saludables y que no lo son

Que el interés de la industria alimentaria por nuestra salud es un auténtico paripé y que es la rentabilidad lo que verdaderamente importa, es un hecho bien conocido. Tristemente, la industria alimentaria se ceba con los más vulnerables de la población —los niños—, a través de la manipulación, nos convence que productos que son una auténtica comida basura son alimentos saludables indispensables para el desarrollo de los niños.

¡Pero si es muy fácil identificar la comida basura! pues las grandes compañías de la industria alimentaria juegan tan sucio que logran colocarnos esta comida basura como la panacea más saludable. La información que muestran en las etiquetas es opuesta a lo que realmente es el producto. ¿Cómo podemos saberlo? Toda la verdad se encuentra en un mismo lugar: ¡la lista de ingredientes!

Veamos un ejemplo de publicidad engañosa. Tenemos un yogurt para niños cuya etiqueta presume: «con DHA omega 3 que ayuda a la mente, vista y corazón.». ¿de verdad? vayamos a los ingredientes:

Leche entera pasteurizada, azúcar, preparado de fruta 2.8% (azúcar y/o de jarabe alta fructosa, manzana 24%), sabor manzana, pectina, ácido cítrico, sorbato de potasio y/o benzoato de sodio, almidón modificado, mezcla de vitaminas y minerales (A, B1, B2, B12, ácido fólico, calcio), colorantes (amarillo 5 y amarillo 6), sólidos de leche, almidón modificado, jarabe de alta fructosa, pectina, sucralosa, cultivos lácticos.
He aquí la radiografía del producto en cuestión:
 
Evidentemente el colorante amarillo 5 (o tartrazina), el jarabe de maíz de alta fructosa, la sucralosa y demás aditivos químicos ayudan cero a la mente, vista y corazón de un niño. De hecho, todo lo contrario. Estos ingredientes han sido objeto de numerosos estudios desde hace mucho tiempo y han demostrado tener efectos nefastos en la salud de cualquier persona, pero el organismo de un niño es aún más vulnerable a ellos.
 
Tristemente, el copywriting de la industria alimentaria es un arma poderosa que consigue que los padres, con el tiempo escaso para hacer la compra y por ende para leer los ingredientes de cada producto que echan al carrito de la compra, acaben creyendo todo lo que sus productos ponen con letras llamativas en las etiquetas.
 
La información en las etiquetas es lo que intentan vendernos. La lista de ingredientes es lo que realmente estamos consumiendo.
 
Es por eso que velar por que nuestros hijos se alimenten mejor, con alimentos lo menos procesados y nutrientes de calidad, recae únicamente en nosotros como padres. Ni en la publicidad de los productos ni en el pediatra. Te presentamos nuestra selección de los 6 alimentos que integran el «top» de alimentos insanos vendidos como saludables.

1. Polvos para saborizar la leche

 
 
 

Lo que las etiquetas nos dicen:

Como complementos nutricionales para enriquecer la leche que contienen todos -o casi todos- los nutrientes necesarios para los niños. Prometen ayudar en su desarrollo integral, sobre todo intelectual. Y como, además, nos dicen, saben tan delicioso tus hijos se toman hasta el último trago sin rechistar y hasta piden más.
 

Lo que en realidad son


Su principal contenido es azúcar,
con un vaso estamos superando el máximo recomendado por la OMS para niños para un sólo día. La cantidad y calidad del cacao que contienen es tal que ni siquiera puede ser etiquetado como cacao en polvo, sino como polvo para preparar bebida sabor a chocolate (para ser cacao en polvo genuino, un producto debe contener, al menos, 1.8 % de manteca de cacao y 18% de sólidos de cacao reales). El resto de vitaminas, minerales y ácidos grasos que contienen son sintéticos, de los cuales realmente se aprovecha muy poco.
 

¿Cómo lo podemos sustituir?

 
Si lo que queremos es el sabor real del cacao, hay que buscar «cacao en polvo» de verdad. Es decir, en los ingredientes debe aparecer: cacao en polvo y punto. Prepararlo es tan sencillo como añadir 1 o 2 cucharaditas a un vaso de leche (mejor si es vegetal) y endulzar al gusto con opciones menos nocivas (jarabe de agave, azúcar moreno, miel de abeja, azúcar de coco, etc.). Así no solo podremos aprovechar sus propiedades antioxidantes y su aporte en triptófano (que genera serotonina, un neurotransmisor que, entre otras cosas, nos pone de buen humor) sino que además nos aportará naturalmente y de mejor calidad todas las vitaminas y minerales que anuncian los dichosos polvos industriales: fósforo, magnesio, hierro, potasio, calcio, zinc, cobre, manganeso, vitaminas A, B1, B2, B3, B5, C y E. Y, por último, el sabor a cacao genuino no tiene nada que ver con el sabor que aportan estos preparados.

2. ‎Cereales para el desayuno

 
 

Lo que nos dicen las etiquetas

Gracias a la exhaustiva publicidad, nos han convencido que no hay desayuno completo sin ellos. Nos prometen infinita energía para iniciar el día y estar llenos de fibra, vitaminas y minerales esenciales.
 

Lo que en realidad son

 
 
El desayuno por excelencia para los niños desde hace décadas y uno de los productos que más cuesta desmitificar. Pero la realidad es que los cereales industriales lejos de ser un alimento de calidad, son un alimento pobre en nutrientes compuesto cereales refinados, con azúcares y edulcorantes añadidos (como jarabe de maíz de alta fructosa) y aditivos. Cuando un alimento tiene nutrientes añadidos, quiere decir que es un alimento que ha sido tan procesado que lo que resulta es un producto desprovisto de todo valor nutricional, por lo que se ven obligados a adicionarlo con vitaminas y minerales. Esto lejos de ser una cualidad, es el reflejo de la mala calidad del producto. Además, normalmente se trata de vitaminas y minerales sintéticos, muy poco biodisponibles para el organismo.
 
El alto contenido en cereales y cereales refinados genera problemas de hiper e hipoglucemia, provocando subidas y bajadas de la glucosa sanguínea, lo que se traduce en bajones de energía, ganas de comer más carbohidratos refinados y a la larga genera problemas con la regulación de insulina, lo que predispone a los niños a padecer obesidad y diabetes desde muy temprana edad.
 

¿Cómo lo podemos sustituir?

Consiguiendo cereales puros solamente inflados (quinoa, trigo, espelta, amaranto, arroz integral), o las clásicas hojuelas de maíz sin aditivos. También podemos preparar un porridge/atole/gachas (de avena, amaranto, quinoa, arroz integral) hirviendo el cereal crudo unos minutos en agua, leche vegetal y una ramita de canela. Y podemos hacerlo aún más nutritivo si añadimos semillas (de calabaza, girasol, chía, linaza, ajonjolí/sésamo etc.) y frutos secos en trocitos (nueces, almendras, anacardos, etc.). ¿Aún más completo? añade pasitas, arándanos, corazones de hemp, canela en polvo… el límite es la imaginación.
 

bol rond en ceramique blanche

 
También podemos echar mano de la popular chía y prepararles un pudding de chía remojando las semillas en leche vegetal unos 20 minutos, revolviendo un par de veces para integrar bien y luego añadiendo trocitos de fruta o cualquier topping que nos apetezca por encima. Ahí tienes un plato de cereales auténticos para niños y llenos de muchísimos más nutrientes (que además se asimilan mejor)
 

3. Yogures saborizados y postres lácteos

 
… y colorantes, saborizantes, edulcorantes, espesantes y ¡shots de azúcar también!

Lo que nos dicen las etiquetas

Alimentos lácteos con frutas que aportan bacterias benéficas al intestino. Muchos de ellos se diferencian vendiéndose para un fin en particular (diciendo que mejoran estreñimiento, ayudan al sistema inmunológico incluso que combaten la gastritis).
 

Lo que en realidad son

 
Son básicamente un shot de azúcar: una sola porción supera la ingesta máxima de azúcar por día recomendada por la OMS. La cantidad de fruta es anecdótica: preparado de frutas (desvitalizadas) que representa un porcentaje insignificante. Por otro lado, los cultivos lácticos (probióticos)… bueno, ahí están, pero si a la vez consumimos semejantes cantidades de azúcares (uno de los principales enemigos de la flora intestinal), pues de poco o nada sirven.
 

¿Cómo lo podemos sustituir?

Para beneficiarnos de los probióticos (bacterias vivas benéficas) del yogurt sin consumir ingredientes nocivos, hemos de buscar aquellos que sean «yogurt natural, sin edulcorar o endulzar» y sus ingredientes solo contengan leche y cultivos lácticos, nada más. Ni sabores, ni frutas, ni endulzantes de ningún tipo y en casa podemos endulzarlo con miel, jarabe de agave, azúcar de coco o mascabado, etc.
 

tranches de fraise rouge

 
¿Sabías que más alla del yogur, existen otras opciones para consumir más probióticos? En efecto, los alimentos fermentados como el kéfir de agua o leche, el chucrut (col fermentada), kimchi (verduras fermentadas), miso (pasta de soja fermentada, muy usada en sopas), tempeh (frijoles de soja fermentados), entre otros. Algunos de ellos como el kéfir de agua o leche, el chucrut o el kimchi pueden elaborarse en casa con ingredientes simples y un proceso relativamente sencillo, es cuestión de buscar un poco por Google.

4. Bebidas lácteas fermentadas

 
 

Lo que nos dicen las etiquetas

Se venden como una gran fuente de probióticos con sus respectivos beneficios para nuestra salud y se anuncian como si fuera un buen hábito que debemos dar diariamente a los niños.
 

Lo que en realidad son

 
Idem que con los productos lácteos saborizados. Sacarosa y glucosa en altísimas cantidades, literalmente es darle un shot de azúcar a nuestros hijos que cubre casi la totalidad de azúcar máxima por día para un niño. Además, la publicidad nos incita a beber una botellita diaria, con lo que nos estamos asegurando una ingesta enorme de azúcar cada día. ¿Están tomando probióticos con estas bebidas? sí, pero a un precio muy alto para su salud. No lo compensa.
 

¿Cómo lo podemos sustituir?

Lo dicho en el punto anterior sobre otras fuentes de probióticos.
 

5. Barras de cereales

 
 

Lo que nos dicen las etiquetas

Se anuncian como snacks o colaciones saludables y nutritivas para desayunar y para llevar al cole y tomar a media mañana. Sugieren que, al comerlas, ingerimos cereales completos con ingredientes nutritivos de moda (superfoods).
 

Lo que en realidad son

 
 
 
En realidad, estás consumiendo es harina refinada con altas cantidades de azúcar y grasas industriales saturadas (hidrogenadas). Como la publicidad dice, son energéticas y les da un subidón de glucosa en sangre para en poco tiempo después caer en picado y provocar hipoglucemia, además de todas las consecuencias que hemos mencionado anteriormente. La fruta que contienen es desvitalizada y en cantidades anecdóticas.
 

¿Cómo lo podemos sustituir?

Con fuentes energéticas más saludables y limpias. Esto es posible con carbohidratos complejos que liberan los azúcares lentamente, proveen energía durante la mañana sin provocar picos de glucosa.
 
Ejemplos de colaciones energéticas para niños:
  •  Galletas de avena caseras (endulzadas con azúcar integral o dátiles),
  •  Un puñado de frutos secos (almendras, nueces, anacardos/nuez de la india, cacahuates, etc.),
  •  Fruta seca sin endulzar (pasitas, arándanos, ciruela pasa, dátiles, higos, etc.),
  •  Un plátano o una pieza de fruta fresca + un yogurt natural con muesli/granola

6. Jugos/zumos industriales

 
 

Lo que nos dicen las etiquetas

Se presentan como bebidas o alimentos líquidos saludables llegando a sustituir una porción de fruta. No solo se promocionan como aptos para niños, sino que incitan a consumirse como parte de un desayuno o almuerzo saludable diariamente. Hacen mucho hincapié en que son naturales, 100% fruta, sin conservadores y características similares.
 

Lo que en realidad son

 
La mayoría se elaboran a partir de concentrado el cual ha sido desprovisto toda la fibra. De este modo, los azúcares naturalmente presentes en la fruta (fructosa) queda en estado libre, siendo una azúcar simple que se metaboliza rápidamente, provocando picos de glucosa en sangre. Por si fuera poco, muchos llevan azúcares o edulcorantes añadidos, lo que aumenta el efecto nefasto para la salud.
 
Además, para poder conservarse meses en los anaqueles, se someten a altas temperaturas perdiendo todas las enzimas, vitaminas y minerales. Como ves, no por ser de origen natural significa que sean saludables.
 

¿Cómo lo podemos sustituir?

 
Preparando jugos y batidos (licuados) naturales en casa, prefiriendo los batidos (o licuados) sobre los jugos (zumos) para conservar la fibra, así evitaremos picos de glucosa en el metabolismo. Una buena opción para lograrlo es mezclar jugo de naranja natural con una varita de apio o una penca de nopal o unas hojas de espinacas o acelgas o cualquier vegetal de hoja verde. O mejor aún, ofreciéndoles la naranja o cualquier otra fruta entera (o en trozos, vamos) la cuestión es conservar sus fibras naturales, pues de este modo toda la fruta se metaboliza mejor y nos aporta sus beneficios de manera completa.
 
Hasta aquí nuestra lista de alimentos a evitar y nuestras recomendaciones para remplazarlos por alimentos más saludables. Como puedes ver, básicamente se trata consumir alimentos lo más cercano posible a su estado natural, frescos, ricos en nutrientes. Esto aplica para nuestros hijo, ¡y también para nosotros!… Ellos aprenden los hábitos alimenticios de lo que ven en nuestro plato, no en lo que les explicamos.
 

Resumiendo:

  • Una alimentación de calidad no implica comprar productos con términos elaborados como «inteli-max, creci-zinc, forti-calcio, optimum, premium…». Una alimentación de calidad siempre será aquella basada en los alimentos naturales que proporcionan una concentración elevada de nutrientes de calidad: frutas, verduras, legumbres, proteínas de calidad (carne magra, aves, pescado azul y blanco), grasas saludables (insaturadas) y carbohidratos complejos (cereales no refinados).
  • Podemos elaborar la alternativa saludable y mucho más nutritiva de todos esos productos en casa; con ingredientes simples, de un modo sencillo y a un coste mucho menor.
  • Los nutrientes de fuentes naturales tienen una biodisponibilidad más alta que los añadidos a los productos industriales, es decir, se asimilan mejor en el organismo.
Comencemos por confiar más en nuestro instinto a la hora de alimentar a nuestros hijos y por cuestionar la publicidad que nos avasalla día con día e incluso, por poner en duda las recomendaciones del pediatra en materia de nutrición (ya sabemos que el dinero manda y la industria se encarga que nos recomienden sus productos). Ahora ya sabes, la siguiente visita al supermercado tienes por delante una excelente oportunidad para comenzar el cambio de paradigma:

¿Te imaginabas que estos productos eran alimentos basura para tus hijos? ¿Conoces algún otro para añadir a la lista?

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